En el bioparque de Escobar se construyó el aviario de mayores dimensiones de América del Sur, que exhibe más de 200 especies y reproduce paisajes de los cinco continentes. El proyecto de arquitectura es de Hampton-Rivoira/Carnicer, y el paisajismo, de Cavanagh-Dominicis
Estos usuarios fuera de lo común lograron reunir a un equipo multidisciplinario (zoólogos, especialistas en aves, ecólogos conservacionistas, educadores, paisajistas, gente de marketing y comunicación, diseñadores gráficos, arquitectos e ingenieros) que, a fuerza de prueba y error, desarrolló un mundo donde el público puede sumergirse y estar en contacto cercano, casi sin notar los límites del cerramiento.
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Resultado de un concurso de antencedentes y croquis preliminares, Temaiken seleccionó el proyecto arquitectónico de los estudios Hampton / Rivoira y Cristian Carnicer, la propuesta paisajística de Maggie Cavanagh y Alejandra de Dominicis, y la señalética (como en el resto del bioparque), del estudio Shakespear. |
Se buscó exhibir cada especie en su estrato espacial (acuático, rastrero, vuelo bajo aleatorio o vuelo alto circular), definiendo así las dimensiones de las jaulas, sus conexiones, las áreas de servicio y públicas, y la simulación de sus ecosistemas.
- Obra: Aviario para más de 2500 aves (200 especies, de cinco continentes)
- Ubicación: Bioparque Temaiken, Ruta 25, Km 700, Escobar
- Idea, pautas conceptuales y dirección general: Temaiken
- Proyecto y dirección de obra: Hampton-Rivoira arquitectos, Cristian Carnicer arquitecto asociado
- Equipo de documentación: arquitectos Roberto Lombardi, Ma. Eugenia Garcia Castera, Diego Tablada, Maru Viña, Juan Reartes (perspectivas), Nacho Ruiz Orrico (maquetas)
- Dirección de obra: arquitecto Claudio Marquet
- Asesores: ingenieros Roberto Merega (hormigón y fundaciones), Daniel Isola (metálica general), Jorge Hellhake (verificación estructural), Carlos Oneto (sanitarias y gas), Eduardo Sequeyra (ingenieria eléctrica), Marcelo Carame (termomecanicas), Mendiguren (estudios de suelos), Jorge Fernandez (gestoría municipal), y Luis Grau (cómputos), el arquitecto Guillermo Argañaraz (pliegos), y el ingeniero Luis Zarini (agrimensura)
- Gerenciamiento de obra: Delamo SRL
- Proyecto y dirección de paisajismo: Maggie Cavanagh y Alejandra de Dominicis
- Identidad visual y sistema de señalización: Diseño Shakespear
- Proyecto Centro de Interpretación: Bonavita Oficina de Buenas Ideas
- Empresa constructora principal: Constructora Sudamericana SA
- Subcontratos especiales: ITEP Ingenieros (cálculo estructura metálica), Ingemeco SA (ejecución arcos metálicos), Jakob (Suiza) y Webnet (provisión de mallas metálicas de grandes aviarios), ITSA Ingeniería Total (Montaje de las mallas)
- Concurso de ideas: febrero 2004
- Proyecto y documentación técnica: abril a octubre 2005
- Licitación de las obras: junio 2006
- Inicio de obra: septiembre 2006
- Montaje grandes arcos aviarios: marzo a mayo 2007
- Fin obra civil: septiembre 2007
- Montaje malla metálica: septiembre a diciembre 2008
- Paisajismo y escenografitas: octubre 2007 a marzo 2009
- Adaptación de las aves: abril a julio 2009
- Inauguración: 9 de julio 2009
El Viaducto de Millau
Richard Hammond revela la inspiración que hizo posible el puente vial más alto del mundo: el Viaducto de Millau, de Francia. De 340 metros de altura, este puente de 2,5 kilómetros de largo es más alto que la torre Eiffel. Está flanqueado por tableros de acero que parecen gigantescas telarañas emplazadas en altísimos pilotes de concreto. La parte superior de cada pilote tiene el tamaño de una cancha de tenis. Para permitir que el puente se expanda un metro y medio bajo el sol del verano, los ingenieros recurrieron a una antigua técnica celta de construcción naviera que hizo que el concreto fuera tan flexible como la madera
Documental emitido por National Geographic en el programa Conexiones de Ingeniería



La Ley de Protección de Edificios Porteños, aprobada en primera lectura por la Legislatura, puede habilitar un interesante debate los inmuebles anteriores a 1977, con calidad arquitectónica, pero sin protección especial.
Por Margarita Charriere. ARQUITECTA, PRESIDENTA DE LA COM. DE URBANISMO Y MEDIO AMBIENTE DEL CPAU
El debate de hoy, más retórico que operativo, polariza las posiciones entre lo viejo y lo nuevo, entre pasado y futuro, sin avisorar que se trata de un dilema constitutivo del urbanismo que requiere de una permanente redefinición.
De algún modo, la tensión entre conservar lo existente y demoler para transformar es una de las controversias que atraviesan la gestión urbana y que no tiene respuestas unívocas, pues por un lado, el patrimonio de la ciudad es un recurso, y al mismo tiempo el espacio urbano requiere de una renovación permanente con nuevos usos, nuevas formas y nuevas arquitecturas. ¿Ahora bien, como resolver ese dilema? En 2003, en un escenario de salida de la crisis, en la Subsecretaría de Planeamiento porteña nos planteábamos proteger el chasis de la ciudad, sacando partido de sus recursos. En ese marco imaginamos los principios de la "ley de recuperación de edificios existentes" que se debate en estos días.
En 2004, el proyecto de ley se fundó sobre la base de estudios pormenorizados y de un proceso de consultas. Se llevaron a cabo relevamientos y diagnósticos, se organizaron reuniones con especialistas, agentes inmobiliarios y propietarios y se elaboraron diferentes escenarios de factibilidad.
La Ley apuntaba a una amplia gama de metas. Se trataba de preservar el importante stock edilicio de calidad arquitectónica y constructiva, propia del paisaje urbano, de reactivar la actividad de la construcción, mejorando la ecuación financiera y la tasa de retorno, de contribuir a la política urbana de recuperación del área central (donde se localiza el 65% de dicho stock), de valorizar los beneficios ecológicos y ambientales que resultan de la recuperación en comparación con los de demolición y nueva edificación.
En esa instancia de retracción económica, el objetivo era asegurar una herramienta capaz de estimular la inversión privada, pero protegiendo la calidad de la edilicia urbana.
En la medida que en esos años no se logró aprobar el Modelo Territorial del Plan Urbano Ambiental, que hubiera permitido el aggiornamiento de la normativa urbana, la ley se presentó como un instrumento capaz de darle un marco normativo a las construcciones anteriores a 1977. Por ejemplo, un edificio construido en los años cuarenta y en perfecto estado de conservación, cuyo propietario deseara modificar su uso por otro permitido en el distrito, debía demoler parte importante del construido pues no era posible, de otro modo, ajustarse a la norma. En esa situación se encuentra un significativo porcentaje del el área central de la Ciudad.
Ese proyecto de ley no se propuso modificar los indicadores del Código vigentes -de uso, morfológicos o de constructibilidad-, ni tampoco el blanqueo de la situación de aquellos edificios que construidos con posterioridad al Código de 1977, fueron el resultado de operaciones que no respetaron la normativa. Es decir, la idea inicial no fue la de dejar entrar por la ventana modificaciones que habiliten "excepciones" de nueva generación que redundan en oportunidades para la especulación o que pongan en peligro la sustentabilidad.
Desde esa perspectiva, saludamos esta iniciativa legislativa que aprobó en una primer lectura la Ley de Protección de Edificios Porteños, que puede habilitar interesantes debates y propuestas, en el marco de la prevista audiencia pública.
No es ocioso recordar, no obstante, que una ley recupera su sentido solamente si se plantea como uno más de los instrumentos de planificación para lograr una ciudad más equitativa, en el marco de medidas a corto, mediano y largo plazo. Ojalá que esta nueva ley contribuya a resolver viejos problemas, aquellos que afectan a los edificios existentes y también aquellos que nos afectan a todos y son el resultado de inexistentes políticas públicas integradoras. «

Imágenes del proyecto de Morphosis en La Defense, la exposicion Colombina de 1893 en Chicago y el Skyline de Londres para el 2012. Editado por el arq. Martín Lisnovsky.

“...a veces nuestro pequeño grupo marchaba solo, pero que
otras formábamos una masa ingente al extremo de constituir en ocasiones
un verdadero ejército. También he hecho constar que cubrí algunas
jornadas en compañía de escasos camaradas o solo por completo,
sin tienda, sin jefe, sin Orador. Otra dificultad es, y grande, que
no solo cruzábamos espacios, sino también épocas. Marchábamos
hacia Oriente, pero al mismo tiempo penetrábamos también en la
Edad Media o en la Edad de Oro cruzábamos Italia o Suiza, pero en
ocasiones acampábamos en pleno siglo X, junto con los patriarcas o
las hadas...”.
Hermann Hesse, Die Morgenlandfahr, 1932





























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